25 de diciembre de 2011

Enseñanza Zen: "La cascada"... La naturaleza de la vida.


Confucio y sus estudiantes fueron a una excursión fuera de la ciudad. Su intención era aprovechar la ocasión para entablar una conversación entre ellos acerca del Tao, estaba pensando en eso cuando uno de los estudiantes se acercó a él y le preguntó: “¿Maestro, ha estado alguna vez en Liu Liang? ¡No está lejos de aquí!”

Confucio respondió: “He oído mucho acerca de ella, pero nunca la he visto con mis ojos. Se dice que es un lugar de una gran belleza natural”

“¡Es bellísimo!”, dijo el estudiante. “Liu Liang es conocido por sus majestuosas cascadas. Está a 2 ó 3 horas de camino y el día es joven aún Maestro, si usted desea ir allá, yo estaré honrado de servir de guía”

Confucio pensó que era una espléndida idea así que, todo el grupo se dirigió a Liu Liang, caminando y platicando. Un estudiante comentó: “Yo crecí cerca de una cascada y en verano iba siempre a nadar con otros niños del lugar”.

El primer estudiante explicó: “Estas cascadas que veremos no son así, el agua viene desde muy alto, así que trae muchísima fuerza cuando cae. Definitivamente no te gustaría nadar ahí”

Confucio dijo: “Cuando el agua trae tanta fuerza no se pueden encontrar ni peces ni tortugas cerca de ella. Esto es interesante porque sabemos que el agua es su elemento natural”

Después de un rato pudieron distinguir a lo lejos, entre la bruma, a la cascada. A pesar de estar aún muy lejos, pudieron apreciar su majestuosidad, justo como el primer alumno la había descrito.

Otra hora de caminata los acercó aún más y ahora podían escuchar claramente su profundo y vibrante sonido.

Los alumnos subieron a un risco para lograr verla completa. Todos exclamaron al ver a un hombre entre los feroces remolinos del agua girando locamente en todas direcciones de la aterrorizante corriente.

“¡Rápido a la cascada!” ordenó Confucio. “El hombre debe haber caído ahí por accidente o tal vez es un suicida, de cualquier manera, si podemos, debemos salvarlo”

Se apresuraron tanto como pudieron. “Es inútil Maestro”, replicó un estudiante. “Cuando lleguemos allá, el se habrá ido tan lejos que será imposible hacer algo por él”

“Tal vez tengas razón” respondió Confucio, “sin embargo, cuando la vida de un hombre está comprometida debemos hacer todo el esfuerzo posible por ayudarlo”.

A medida que iban descendiendo iban perdiendo la imagen del hombre en la corriente. Momentos más tarde entraron en un bosque antes de poder llegar a la orilla. Una corta distancia río abajo, hacia la cascada. Ellos esperaban ver el cuerpo sin vida del hombre flotando. En vez de eso, lo vieron nadando tranquilamente lejos de la caída de la cascada con su largo cabello flotando y cantando a viva voz, evidentemente disfrutando. Todos estaban atónitos.

Cuando salió del agua, Confucio se dirigió para hablar con él:

-“Señor, pensé que era usted un ser sobrenatural, pero después de una cercana observación, veo que es una persona común y corriente, en nada es diferente a nosotros. Nos disponíamos a salvarlo, pero veo que no es necesario”.

-El hombre le respondió a Confucio: “Siento mucho si les causé una seria preocupación. Esto es solo una actividad trivial y recreativa de la cual disfruto de vez en cuando”.

-“Usted dice que es trivial pero a mí me parece increíble. ¿Cómo es posible que usted no haya sido dañado por la corriente? ¿Tiene usted algún entrenamiento especial?”

-“No, no tengo ningún entrenamiento ni nada parecido, simplemente sigo la naturaleza del agua, así es como inicié con esto, he desarrollado un hábito y lo he convertido en algo de lo que he disfrutado muchísimo a lo largo de toda mi vida”

-“¿Seguir la naturaleza del agua?, ¿Podría hablarnos de ello con más detalle?, ¿Como exactamente se puede seguir la naturaleza del agua?”

-“Bueno…no pienso mucho en ello. Si tengo que describirlo, le diré que cuando el torrente de agua se arremolina a mi cuerpo yo giro con ella. Si una fuerte corriente me lleva hacia abajo yo nado hacia abajo y así es como lo hago. Estoy muy atento en cuanto a que, llegando a la rivera, la corriente se invierte, se levanta y regresa hacia adentro. Cuando esto ocurre yo ya lo estoy anticipando así que yo también me levanto y nado por ella.”

-“¿Así que usted trabaja con la corriente y no solamente se deja llevar por ella?”

-“Es correcto, a pesar de que el agua es extremadamente fuerte, es también una amiga que he llegado a conocer a través de los años, de tal manera que, puedo sentir lo que ella desea, así que yo hago lo que percibo que ella quiere, sin tratar de manipularla o de imponerle mi voluntad.”

-“¿Cuánto tiempo le ha tomado el que todo esto sea parte de su vida?”

-“No podría decirlo, nací aquí, así que, la cascada es algo muy familiar para mí. Crecí jugando con estas poderosas corrientes, así que siempre me he sentido confortable con ella, de tal manera que el que pueda hacer esto es simplemente el resultado natural de un hábito de toda la vida. Para serle totalmente franco no entiendo porque puedo hacerlo tan bien, para mí es solamente una manera de disfrutar”.

-Confucio le agradeció y regresó con sus alumnos, el sonreía porque sabía exactamente cuál sería el tema de conversación durante el viaje de regreso a casa.


Esta historia contiene toda la esencia de la Filosofía China; es hora de que tomemos el control de nuestra vida, de ser proactivos y no solo dejarse llevar por la corriente… sin resistencias, sin calificar las cosas o circunstancias como buenas o malas; tomando cada suceso  en tu vida como un aprendizaje.

Publicado por: Siria Grandet –Consultora de Feng Shui Clásico y Astrología China (4 Pilares del Destino) 
http://armonizandotuvida.blogspot.com/2011/08/ensenanza-zen-la-cascada-la-naturaleza.html

6 de septiembre de 2011

10 ENSEÑANZAS SOBRE LA FELICIDAD, según Confucio


  1. Muchos buscan la felicidad por encima del hombre, otros por debajo. Pero la felicidad está hecha a la medida del hombre.
  2. Con arroz para comer, agua para beber y mi brazo doblado por almohada puedo ser feliz.
  3. El hombre honrado se avergüenza de que sus palabras sobrepasen sus acciones.
  4. Hay tres tipos de amistad provechosa y otros tantos de amistad dañina. La de un hombre que habla sin rodeos, la de alguien sincero y la de un sabio son las primeras. Las otras, la amistad de quien engaña bajo una apariencia honesta, la de un adulador y la de un charlatán.
  5. Un hombre feliz es un hombre que se conforma con poco.
  6. Bondad sin inquietud, conocimiento sin dudas y coraje sin miedo son los principios que guían al hombre noble.
  7. Ser capaz de practicar estas virtudes constituye la perfección: sobriedad, generosidad de alma, sinceridad, honestidad y amabilidad.
  8. La satisfacción lleva a la felicidad, incluso en la pobreza. Y la insatisfacción lleva a la pobreza, incluso en la riqueza.
  9. Nuestra mayor gloria no es no caer jamás, sino levantarnos cada vez que lo hacemos.
  10. La felicidad no se encuentra en la cima de la montaña, sino en la manera de subirla.

Progreso, ¿qué progreso?


Colaboración de José Albelda, Profesor de la Universidad Politécnica de Valencia.
A principios de 2010 se inauguró oficialmente el Burj Khalifa, más conocido como Burj Dubai, el edificio más alto de un mundo en el que la conquista de la escala física y la superación constante de los límites sigue siendo uno de los principales patrones de medida de poder, tanto técnico como económico. Según se comenta, el Burj Dubai, con sus 818 metros no sólo es el edificio más alto del planeta, sino el que ya no va a ser superado, o al menos esa es su vocación, ser el definitivo techo del mundo. Sobrepasando en trescientos decisivos metros a su competidor más inmediato, la torre Taipei 101 en Taiwan,  lleva camino de convertirse en el icono funerario de una economía sin visas de continuidad, un símbolo ya obsoleto de progreso en el contexto de la crisis ecológica y económica global. En el horizonte del final del petróleo barato y del crack financiero generalizado, los retos megalómanos basados en el dispendio económico y energético van perdiendo protagonismo como señalados símbolos de progreso, quizás por su obscena visibilidad, por más que la inercia siga siendo poderosa. Desde esta perspectiva, su nuevo record de altura, como todos los grandes hitos vacíos de final de ciclo, acaba siendo un fracaso disfrazado de éxito, una hipérbole a destiempo que disuade cualquier  intento de competición.
Sin embargo, la clausura de un proyecto de desarrollo aparentemente inagotable no es algo nuevo. Recordemos el final del Concorde con su preciado sueño de aviación comercial supersónica. Durante muchos años el Concorde fue el abanderado del progreso en la industria aeronáutica, pero el coste de los vuelos –la razón económica, siempre la más poderosa- junto a la definitiva escenificación del fracaso técnico con la caída del Concorde de Air France cerca de París en agosto del año 2000, supuso  el fin, aparentemente definitivo, de un indiscutible símbolo de la superación de los límites como paradigma de progreso. Será precisamente este concepto, el límite, su aceptación o rechazo, el punto sobre el que pivotará el nuevo paradigma hacia una cultura de la sostenibilidad: el límite no debe entenderse necesariamente como un impedimento a vencer, sino también como una condición a la que adaptarse. Así, la idea de progreso de una civilización no tiene por qué basarse en trascender continuamente barreras en una infinita carrera contra las leyes de la física, sino más bien -desde la consciencia actual de una biosfera fágil y finita- afrontar el reto de perfeccionar lo más posible la adaptación a aquellos límites que resulta contraproducente traspasar.
Hemos hablado de dos ideas radicalmente distintas, progreso como superación y progreso como adaptación, con lo cual el primer paso va a ser cuestionar el significado unívoco que todavía ostenta, y recuperar para el concepto de progreso un campo semántico más amplio y versátil, acorde con la evolución de las sociedades y sus nuevos horizontes culturales. A partir de la revolución científica del siglo XVII y la industrial decimonónica, la idea de progreso se centró mucho más en el reto de desentrañar las claves del mundo físico y mejorar nuestra capacidad técnica para transformarlo, que en el desarrollo práctico de un humanismo ilustrado. Nos encontramos, pues, con una paulatina sofisticación de los procesos tecnocientíficos según las necesidades de las sociedades dominantes, buscando un crecimiento continuo de la economía, la producción y el comercio; todo ello desde un afán de linealidad que no contemplaba la noción de límite, por mucho que se supiera que el crecimiento no puede ser ilimitado en una biosfera con recursos finitos, donde reina la ley de la entropía y sólo permanecen estables los modelos ecosistémicos que tienden a lo circular. Así, el Índice de Desarrollo Humano como principal indicador de progreso frente al incremento del PIB o al crecimiento de la economía, no surge como idea capaz de enraizar con una cierta fuerza hasta el desencanto de la Modernidad, un desencanto en el que seguimos asentados. Tras el fracaso del proyecto moderno, las advertencias de Hiroshima, Chernóbil, Bhopal y en un escenario de cambio climático, la idea de progreso ya no puede considerarse un término incontestable y consensuado desde una única perspectiva semántica. Su promesa de crecimiento continuo es simplemente imposible en el marco del conocimiento científico de los límites de recuperación de los ecosistemas. A partir de aquí, la continuación con la misma retórica de progreso es un simple ejercicio de inercia irracional en el mejor de los casos, o de interesada ocultación y engaño cuyas consecuencias van a ser necesariamente negativas.
Pero el cuestionamiento del modelo de desarrollo que ha caracterizado a la Modernidad no surge únicamente de las promesas incumplidas o de señalados accidentes de sistema -que podrían tener siempre su corrección y ajuste interno-, ni siquiera del abandono de los grandes proyectos simbólicos por razones económicas y energéticas. La esencia del cambio decisivo tiene que ver con algo mucho más profundo y estructural: la necesidad de reenfocar los criterios de progreso hacia la emancipación humana y el reequilibrio de la biosfera como principales objetivos a lograr, entendiendo la economía y la técnica como medios, no como fines. Sustituir, pues, el concepto de progreso de las sociedades basado en el crecimiento de su economía, por otro modelo vinculado a la ética ecológica y a la equidad redistributiva, defendiendo la vida buena humana y de las demás especies a través de la preservación de la biosfera como nuestra casa común.
Escrito esto así, puede dar la sensación de que estamos hablando de objetivos utópicos como la paz perpétua o la bondad generalizada, deseos fáciles de enunciar pero imposibles de llevar a la práctica. Sin embargo, si bien es difícil modificar una cosmovisión tan sólida, no resulta inviable. De hecho, el planteamiento más correcto no sería tanto enunciar las numerosas dificultades del nuevo modelo, como argumentar la imposibilidad de continuar con el anterior. Puesto que la experiencia del capitalismo ha demostrado ser destructiva tanto para los ecosistemas como para los grupos humanos, incluso desde el más básico instinto de supervivencia, la única alternativa que nos queda es la consolidación de una cosmovisión que busque la sostenibilidad de las sociedades en el contexto común de la biosfera. En este nuevo marco de intenciones, los símbolos civilizatorios no tienen por qué basarse en la políticas del exceso sino más bien en las de la suficiencia. Toda una primicia en la historia de las civilizaciones, la recuperación del interés por lo humano y la escucha de las necesidades de la biosfera, objetivos que no han de verse sólo desde una perspectiva practica, sino también desde su contenido simbólico, pues el retorno a la escala humana representa la recuperación de la autoestima de una especie que debe aceptarse como limitada, frágil y fugaz. Este es uno de los principales retos de la nueva cosmovisión: abandonar los esforzados símbolos megalómanos que nos muestran como dueños de la naturaleza y del futuro, y centrarnos en crear un tejido cultural de equilibrio y sostenibilidad a través del cuidado y el respeto, desde la intuición del límite y la mejora de lo común. Un planteamiento que va ganando en credibilidad y contundencia hasta convertirse en el único modelo con expectativas de futuro. Así, desde la remota periferia de los discursos contraculturales, el argumento de un progreso basado en la ética ecológica comienza a desplazarse hacia una zona más cercana a los centros de opinión, con más volumen de voz, espoleado por la contrastada inviabilidad del crecimiento continuo de base capitalista. Pero para vencer inercias tan poderosas y bien asentadas no basta con demostrar su inevitable vocación catastrófica, se deben rebatir también los múltiples argumentos que custionan cualquier otra opción alternativa. Por ejempo, frente a la demagogia "del retorno a las cavernas" con la que se acusa al ecologismo, cabe precisar que una economía de base ecológica no supone atraso, más bien todo lo contrario, nos encontramos ante un gran reto tecnocientífico, una ambiciosa apuesta por el desarrollo de sistemas de alta eficiencia que nos permitan el máximo nivel de bienestar con el menor gasto de energía y materiales, buscando disminuir lo más posible la entropía y el impacto en el medio.
Por otra parte, la crítica al desarrollismo no tiene por qué concretarse neceariamente en una teoría antitética, en la línea de la defensa del decrecimiento, o al menos no sólo a través de ella. Sobre todo porque la raíz del problema no es en primera instancia la economía, sino la cosmovisión. El decrecimiento del consumo y de la huella ecológica de la especie humana deben ser consecuencia de un conjunto de estrategias encaminadas al logro de la vida buena y el reequilibrio de la biosfera, pero no el principal objetivo o la base de la argumentación teórica. Si para restaurar los ecosistemas y retornar a fuentes de energía renovable hay que decrecer en algunos aspectos de nuestra economía, habrá que hacerlo, a la vez que creceremos en otros sistemas de producción e intercambio que resulten más sostenibles. Pero no debemos confundir un valor instrumental con un objetivo finalístico, y más dado su evidente enunciado antitético. No creo que el camino más practicable sea una inversión de la inercia, sino la progresiva puesta en práctica de una compleja red de estrategias y cambios que deben apoyarse en un paradigma radicalmente distinto –y no necesariamente opuesto- al que ha liderado la aventura humana en los últimos siglos de la historia moderna. Siguiendo la argumentación de J. Riechmann en su Trilogía de la autocontención, estamos hablando de un cambio necesariamente revolucionario, y no de una progresión histórica entendida como una simple adaptación a las nuevas coyunturas pero manteniendo la misma matriz. Dicho esto, hay que insistir en que la dificultad de un cambio tan radical -revolucionario- en nuestra cosmovisión dominante no debe convertirse per se en un factor disuasorio. La historia de la humanidad se ha visto jalonada por numerosas revoluciones, entendidas como cambios bruscos en periodos de tiempo relativamente breves, que han modificado decisivamente el curso de las civilizaciones. Es más, cabe precisar que el concepto de revolución no es algo excepcional, sino uno de los modelos posibles de cambio en las sociedades humanas.
La sostenibilidad será una de las premisas básicas para la redefinición de la idea de progreso, pues no podemos considerar como positivo un sistema que resulte más insostenible que aquel al que sustituye o complementa. Por tanto, debe pasar a ser una condición sine qua non de cualquier implementación tecnoindustrial, pero también de muchos otros aspectos que configuran una cultura como el diseño de modelos urbanos, de transporte, de economía y de comercio. Sin embargo, desde el punto de vista de la ética ecológica -la ampliación de la ética humanitaria al conjunto de la biosfera-, la sostenibilidad física de los procesos culturales no se basta por sí misma, deberá complementarse con un conjunto de variables igualmente importantes y necesarias para fortalecer la estructura social y la calidad de vida individual. Así, no puede haber verdadero equilibrio ambiental sin equidad, ni puede haber vida buena en un medio físico deteriorado. Es por ello que debemos potenciar la matriz común de la biosfera como primer objeto de preservación, cuidando del medio y de todos los que lo habitan desde el comedimiento y el respeto. Proteger la vida, redistribuir la riqueza sustentable, evitar el dolor, preservar la belleza.
Así pues, las dos principales claves para la reorientación del concepto de progreso serían:
1.  Atender a la sostenibilidad de los procesos culturales como condición sine qua non para ser considerados como ejemplo de progreso positivo, ético y defendible.
2.  Atender al cuidado de la biosfera y su equilibrio ecosistémico no sólo desde un plano instrumental, sino como objetivo de respeto en el contexto de una etica ecológica de amplio espectro.
Si vinculamos el progreso moral, basado en una ética ampliada que acoja al conjunto de la biosfera, con el principio de sostenibilidad, habremos sintetizado un nuevo proyecto ilustrado para el s. XXI perfectamente creíble y con pleno sentido de la oportunidad, si bien muy difícil de llevar a cabo, como la gran mayoría de los proyectos emancipatorios de la humanidad en los siglos que llevamos de historia. Sobre estos presupuestos, podemos también reenfocar la aventura tecnocientífica contemporánea no como un telos de sofisticación y desarrollo imparable y autodirigido, sino como un medio instrumental para alcanzar los citados objetivos de vida buena y sostenibilidad en la biosfera. Pero a pesar de la solidez teórica de esta argumentación, la crítica a una tecnociencia finalista y a una economía desarrollista que caracterizan al capitalismo contemporáneo es todavía escasa, no por falta de razones, sino por una cuestión de inercia y de defensa a ultranza de intereses muy consolidados. Diríamos que el modelo actual no por inviable deja de ser obscenamente omnipresente, ocupando casi la totalidad del espacio en el imaginario colectivo.
Este sería, pues, el marco del conflicto, para no caer en el tentador engaño de que una buena fundamentación decanta, por sí misma, la puesta en práctica de un modelo más defendible. Pero si bien el razonamiento no es determinante, sí es una importante condición previa. Así, la redefinición del concepto de progreso a la luz de la experiencia de la Modernidad y de la crisis ecológica global sienta las bases para la reestructuración de la cosmovisión contemporánea, la revolucionaria modificación del sentido de la aventura humana, de sus objetivos y de sus símbolos. A partir de aquí toca construir toda una red de modelos que demandarán sus propios medios y sistemas, comenzando por la necesaria conquista de un espacio cutural donde comenzar a escenificar el nuevo paradigma. Este espacio, para tener una cierta entidad, debe ser fruto de la sinergia entre el pensamiento político y el económico, entre la filosofía y la sociología, así como de sus respectivas aplicaciones prácticas: el ecosocialismo y la economía ecológica, asentando las bases de una ética para la biosfera que nos ayude a progresar en la laboriosa y fascinante tarea de rediseñar una civilización que mire hacia la sostenibilidad.

Fuente:http://ecopolitica.org/index.php?option=com_content&view=article&id=105:progreso-ique-progreso&catid=17:filosof&Itemid=56

PRINCIPIOS DEL RONIN ( BASADOS EN EL BUSHIDO)


義 GI – RECTITUD (DECISIONES CORRECTAS)
Sé honrado con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia. No existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.
勇 YUU – CORAJE
Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.
仁 JIN – BENEVOLENCIA
Mediante el entrenamiento intenso el samurái se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.
礼 REI – RESPETO
Los samurái no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros.
誠 MAKOTO – HONESTIDAD, SINCERIDAD ABSOLUTA
Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de “dar su palabra” no ha de “prometer” el simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y hacer son la misma acción.
名誉「名譽」MEIYO – HONOR
El auténtico samurái solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quién eres en realidad. No puedes ocultarte de ti mismo.
忠 CHUU – LEALTAD
Haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurái es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece inclaudicablemente fiel. Para el guerrero, las palabras de un hombre son como sus huellas: puedes seguirlas donde quiera que él vaya.


EL PODER DE PERDER


by David Momparler on julio 3, 2010

Antiguamente, a los espartanos se les enseñaba a perder.
En Esparta, como sabra cualquier persona que haya leído algo acerca de esa época (o en su defecto haya visto la película de 300) se les educaba de una forma bastante diferente a lo que sería la educación hoy en día. La educación no estaba basada en ganar,… sino en perder. Al igual que los samurais y también al igual que los gladiadores en la antigua Roma.
…pondré un ejemplo antes de seguir para poder explicarme mejor.
Lo primero que se les enseñaba a los espartanos, a los gladiadores y a los samurais es a aceptar que iban a morir en el siguiente combate. Este simple cambio de punto de vista hacia que fueran los mejores guerreros nunca vistos,.. porque? Porque no tenían miedo. Simple y llanamente por eso. Nunca en sus vidas se les enseño a buscar  una verdad irreal y falsa, como hoy en día el ser famoso, rico, etc… ( que lo consiguen cuatro gatos y por poco tiempo), sino que se les enseñaba que iban a morir y punto. No había ni falsas esperanzas ni mentiras,… lo cual paradojicamente hacia que la muerte entre ellos no fuera temida, sino que fuera el pan de cada día,.. ni deseable ni indeseable… simplemente normal. Como el sol y la luna.
En un combate, al igual que ante la vida, no hay peor enemigo que el miedo. El miedo debilita, desorienta y nos desconcentra. Cuando un guerrero espartano iba a luchar en cualquier batalla lo primero que debía de decirles su general es que iban a morir. No les decía que iban a ganar, ni que su muerte iba a servir de algo,… se les decía que simple y llanamente iban a morir. Y tampoco se les decía que iban a ir a un paraíso lleno de rosas, se les decía que iban a ir al infierno y que allí pasarían el resto de sus vidas. Curiosamente esto les hacia los mejores guerreros que han existido nunca. Porque?
Muy simple. Cuando se acepta todo lo peor, e incluso lo peor de lo peor, da igual lo que pase. No hay miedo, no hay duda, no hay preocupación. Uno tiene miedo cuando quiere que pase algo y pudiera ser que algo hiciera que lo que queremos no se cumpla. Esto hace que la mente calcule posibilidades, estratagemas para que ocurra lo que queremos etc… pero una vez se acepta que va a ocurrir lo peor ocurre un cambio de conciencia. De repente ya no hay nada positivo o negativo, sino simple y llanamente paz. Aceptación. Algo que hoy en día no se comprende y que es esencial.
Como caso similar se podría poner la crisis económica de hoy en día. No se acepta, simple y llanamente la gente no acepta que el sistema no funciona y busca culpables, busca formas de evitar la crisis, busca miles de cosas sin sentido… En vez de darse cuenta de el error fundamental. Al igual que el gladiador que sale a la arena a morir la economía tal como la conocemos no existe, esta muerta, y cuanto más nos aferremos a ella más sufriremos tratando de evitar lo inevitable. Sin embargo si se aceptara desde el principio no se habrían gastado billones de euros y dolares en tratar de evitar lo inevitable y se hubieran podido gastan en alternativas en vez de en encubrir aún más el problema.
Y como aplicar esto a la vida diaria?
La próxima vez que tengas que hacer algo importante, como una entrevista de trabajo, quedar con una persona muy importante o algo que de normal te pondría “nervioso” simple y llanamente acepta que te va a salir mal. No hagas nada para que salga mal evidentemente,… haz como el espartano que luchaba lo mejor que podía pero no por el hecho de sobrevivir sino por el hecho simplemente de luchar.  Si quedas con alguien se tu mismo/a y ya esta, si tienes una entrevista di la verdad y se sincero,… simple y llanamente no trates de ser ni mejor ni peor. Acepta que va a salir mal.
Porque en el momento en el que lo aceptes, en el que sepas que todo va a salir mal, paradojicamente sera cuando mejor hagas las cosas, simple y llanamente porque no habrá miedo, solo paciencia, concentración en lo que estas o vayas a hacer y serenidad.

http://filosofiayogui.wordpress.com/2010/07/03/el-poder-de-perder/

Semana laboral de 21 horas: Por las personas, el medio ambiente y la sociedad


Escrito por José Luis Palacios   
Publicado en Noticias Obreras http://www.hoac.com.es/?p=3604
Ni 40, ni 35 horas semanales. Nada menos que 21 es la propuesta del centro de pensamiento británico New Economics Foundation (NEF), y que en España apoya Ecopolítica, para pasar de un modelo de crecimiento económico insostenible y en crisis a otro en el que las necesidades vitales de las personas, el cuidado del medioambiente y el Estado del bien estar sean viables.

La NEF ha establecido la cifra por aproximación a la media de lo que la gente en edad de trabajar en Gran Bretaña pasa en su empleo remunerado y por ser un poco más del tiempo que se invierte en el trabajo no remunerado. Coincide además, con que “si el tiempo medio dedicado al trabajo doméstico no remunerado y al cuidado de la infancia en Gran Bretaña en 2005 fuera valorado en términos de salario mínimo, valdría el equivalente al 21% del PIB del Reino Unido”. Los cálculos son parecidas en el resto de países industrializados. En realidad, lo de menos son las cifras siempre que se avance hacia un número mucho menor de horas de trabajo remunerado.

Las propuestas de la NEF y del Centro Ecopolítica, una red de académicos y activistas comprometidos con la ecología, “no son una receta, sino una provocación”. El “Informe 21 horas. Por qué una semana laboral corta puede ayudarnos a todos a prosperar en el siglo XXI” trata de “cuestionar las actuales nociones sobre el trabajo y el tiempo, cambiar lo que se considera normal”, reconociendo de que es “una visión radical para agitar ideas y poner a la gente a pensar sobre un cambio de dirección significativo”. La propuesta de reducir y redistribuir el tiempo de trabajo remunerado es para la NEF un elemento más de lo que denomina la “Gran Transición hacia un futuro sostenible y equitativo”, estrechamente relacionado el “decrecimiento”, la renta básica y el respeto al medio ambiente.

El coordinador del Centro Ecopolítica, Florent Marecellesi, destaca que la propuesta viene a recuperar el viejo anhelo del movimiento obrero de repartir el trabajo, tan presente en la década de los años 90 (http://edicioneshoac.org/index1.html) y desaparecido casi por completo de la agenda sindical, para plantearlo justo en el momento en que están en cuestión los límites del planeta y de la globalización económica. Citando a Florent Marecellesi, en su introducción a la versión castellana del informe, “plantear una semana laboral de 212 horas es tomar a contrapié las propuestas de reforma laboral y de jubilación que nos empujan a trabajar y consumir cada vez más, como si el paro, la desigualdad o el agotamiento de los recursos naturales no estuvieran relacionados”.

Este francés afincado en Euskadi lleva meses presentando por las ciudades de nuestro país la propuesta, con una “buena acogida”, por lo que tiene de “puente entre la vieja aspiración obrera y los nuevos retos ambientales”, de “abrir horizontes” y de “plantear esperanzas, ahora que cunde el pensamiento único y hasta el nihilismo”. Aunque en principio se esperaba una oposición fuerte de los sindicatos, se está dando cuenta de que por lo menos se puede hablar tranquilamente con ellos de esta propuesta, más con los minoritarios que con los grandes, todo hay que decirlo. “No deja de ser una cuestión que cuestiona el sentido del trabajo, de para qué trabajamos”, asegura.

La NEF coincide en señalar que “las economías de consumo, ricas y altamente competitivas, prometen satisfacción para todo el mundo, pero en realidad tienden a proporcionar lo contrario. Aquellos que se pueden permitir el participar nunca están realmente satisfechos, con independencia de lo que puedan llegar a consumir. La razón de esto es porque el sistema está diseñado para favorecer precisamente la insatisfacción, para que todos nosotros sigamos gastando para fomentar y justificar el continuo crecimiento”.

A nadie se le escapa las dificultades de llegar al escenario descrito, por lo que la NEF primero ha querido identificar los obstáculos a tener en cuenta (el riesgo de aumentar la pobreza, el aumento de los costes empresariales y una oposición política a emprender una reducción tan drástica de las horas de trabajo remunerado) y después plantear las condiciones necesarias para abordar los problemas de la “transición” (graduar la reducción, garantizar incrementos salariales, cambiar la gestión del trabajo, recompensar adecuadamente a los empresarios, distribuir mejor los bienes, los ingresos y la riqueza, incentivar la actividad y el consumo no mercantilizado…).

La NEF reconoce que antes de nada hay que provocar un debate amplio que pasa por reconocer el valor del trabajo no remunerado, del modo en que se organiza y distribuye el trabajo y el uso que se le da al tiempo, conscientes de que las normas sociales que hoy parecen rígidas pueden cambiar como también lo pueden hacer las expectativas que la población tienen. Es más, ya ha pasado a lo largo de la historia, precisamente con el tiempo del trabajo.

En 1974, en el Reino Unido se implató a semana de tres días, por orden del gobierno conservador de Edgard Heath, con el fin de ahorrar energía durante un periodo de fuerte inflación, altos precios energéticos y protestas laborales de los mineros. En Francia, entre 2000 y 2008 la semana de 35 horas se generalizó como máximo horario de trabajo. Casi el 60% de los trabajadores se mostró satisfecho al poco de su implantación, aunque también hubo muchos inconvenientes que cabe atribuir a una “flexibilidad interna” impuesta. Hace menos tiempo, de 2008 a 2009 el estado de Utah, en EE.UU. fomentó la semana laboral de cuatro días en el sector público para ahorrar energía y reducir las emisiones de carbono, así como los costes. Eso sí, no hubo reducción, sino redistribución horaria, al fijarse cuatro días laborales de 10 horas de trabajo.

Cada vez más sectores de la población son conscientes de que no valen respuestas antiguas a retos nuevos. No podremos salir de la Gran Recesión volviendo a los patrones de comportamiento anteriores. Si queremos evitar la catástrofe ambiental, social y económica habrá que empezar a aplicar nuevas fórmulas. Un cambio gradual, bien dirigido e impulsado de la gestión del tiempo de trabajo, en combinación con la extensión de mecanismos que garanticen ingresos vitales a toda la población y medidas efectivas de preservación del medio ambiente, nos podría colocar en un escenario futuro mucho más prometedor que el actual. 

En 1930, John Maynard Keines vaticinó, ante las innovaciones tecnológicas y sociales, que a comienzos del siglo XXI la semana laboral podría verse drásticamente reducida a 15 horas. Llegado ese momento, pensaba que la cuestión sería “cómo utilizar nuestra libertad alejados de las preocupaciones económicas apremiantes”. Lamentablemente, las cambios introducidos desde entonces no han ido en la dirección apuntada. Ahora sin embargo, ante la amenaza del fin de la civilización, estamos obligados a caminar en otro sentido. Y la propuesta de la NEF y Ecopolítica inaugura una nueva utopía que, como poco, merece la pena tener en cuenta.

Más información:

La pagina web de Ecopolítica:
http://www.ecopolitica.org/
El informe completo se puede descarga en dicha página
http://www.ecopolitica.org/downloads/21Horas/21horas_web.pdf

La página web de la NEF (en inglés):
http://www.neweconomics.org/

22 de agosto de 2011

5 Razones por las que el capitalismo ha fracasado


La Sonrisa satisfecha del chimpancé / Por Bob Burnett

21 de agosto 2011


La causa principal de nuestra reciente crisis es el fracaso del paradigma económico dominante - el capitalismo corporativo global.

Vivimos tiempos interesantes. La economía global está fragmentada. Los votantes de EE.UU. odian a todos los políticos y existe inestabilidad política en todo el mundo. La causa de esta confusión es el fracaso de el paradigma económico dominante - el capitalismo corporativo global.
El mundo moderno está gobernado por las corporaciones multinacionales y se rige por una ideología capitalista que considera: Las corporaciones son una raza especial de personas, motivadas únicamente por el interés propio. Las empresas tratan de maximizar la rentabilidad sobre el capital mediante el aprovechamiento de la productividad y pagar la menor cantidad posible de impuestos y mano de obra. 
Los ejecutivos corporativos juran lealtad a sus directores y accionistas. La perspectiva de las empresas dominantes es a corto plazo, el barrio financiero actual, y la ética corporativa dominante es la codicia, haciendo lo que sea necesario para maximizar las ganancias.
Cinco factores son responsables del fracaso del capitalismo corporativo global. En primer lugar, las corporaciones globales son demasiado grandes. Estamos viviendo en la era de los dinosaurios corporativos. (La mayor multinacional es JP Morgan Chase, con activos de $ 2 billones, 240.000 empleados y oficinas en 100 países.) Los dinosaurios originales murieron porque sus cuerpos enormes disponían de un cerebro pequeño. 
Los dinosaurios modernos están fallando por que sus burocracias masivas poseen corazones minúsculos.
Desde la era Reagan las corporaciones globales han seguido el camino de menor resistencia a la ganancia, ellos han absorbido a sus competidores y ha creado los monopolios, que han producido la burocracia enorme. En el corto plazo, la escalada ayuda a las corporaciones un crecimiento rentable, pero en el largo plazo, que los convierte en inflexibles y difíciles de manejar. El gigantismo crea una cultura donde los a trabajadores se les anima a tomar riesgos enormes con el fin de crear mayores beneficios, que se basa en la noción de que la sociedad es "demasiado grande para quebrar".
En segundo lugar, las corporaciones globales de la sociedad civil, el desdén. Han creado la cultura del narcisismo de la organización, donde juran lealtad los trabajadores a la empresa. Los empleados de las empresas viven en una burbuja, donde pasan las horas obscenamente y luego las vacaciones con sus compañeros de trabajo. Las multinacionales desarrollan su propio código de ética y distinto del de cualquier Estado nacional visión del mundo. Los ejecutivos de las empresas no se preocupan por el éxito o el fracaso de un determinado país, sólo de el crecimiento y la rentabilidad de su empresa global. (Muchas grandes empresas no pagan impuesto sobre la renta en EE.UU., en el año 2009 Exxon Mobil en realidad consiguió un descuento de $ 156 M).
Las corporaciones en tercer lugar, se fuera de la ley global de moderna, fuera de la ley. Existe la mano invisible que regula las multinacionales. En 1759, filósofo Adam Smith argumentó que si bien los individuos ricos y las corporaciones fueron motivados por el interés propio, una "mano invisible" estaba operando en el fondo que las actividades capitalistas en última instancia beneficiado a la sociedad. En los tiempos modernos este concepto se convirtió en la base de las declaraciones de la Escuela de Economía de Chicago que los mercados eran inherentemente autorreguladores. Sin embargo, los últimos cinco años han demostrado que no hay ninguna "mano invisible" - los mercados no regulados que significó un desastre para la persona promedio. La "recuperación" de 2009-10 aseguró que son "demasiado grandes para quebrar" las instituciones podrían sobrevivir y los ricos siguen siendo ricos. Mientras tanto, millones de buenos empleos fueron eliminados o sustituidos por empleos de bajos salarios con los pobres o ningún beneficio.
En cuarto lugar, las corporaciones globales están arruinando nuestro capital natural. Cuatro de las 10 corporaciones multinacionales son las empresas energéticas, con Exxon Mobil encabezando la lista. Pero hay muchos indicios de que nuestras reservas de petróleo se acaban. Mientras tanto, otras formas de capital natural se han agotado - las tierras de cultivo, aguas, minerales, bosques, peces, etc. Las corporaciones multinacionales han tratado el medio ambiente como un recurso gratuito. Cuando los bosques madereros de América del Norte comenzaron a agotarse, las empresas madereras se trasladaron a América del Sur y Asia después. Ahora, la "presa fácil" se han ido. Las corporaciones globales nos han arrebatado el mundo y a los ciudadanos de todas las naciones nos toca sufrir las consecuencias: el aire contaminado, agua sucia, y la contaminación de todo tipo.
En quinto lugar, Las corporaciones quinto globales han enfurecido a la comunidad mundial.El PIB mundial es de $ 63 billones, pero las corporaciones multinacionales cosechan una parte desproporcionada - los bancos representan un estimado de $ 4 billones (los activos bancarios son de $ 100 billones de dólares). Los mercados mundiales en negro hacen $ 2000 mil millones - las drogas ilegales representan por lo menos $ 300 mil millones. En muchas partes del mundo, un trabajador no es capaz de ganar un salario digno, tener una cuenta bancaria o conducir un coche, pero siempre se puede obtener la droga, sexo, y armas. Y mientras el mundo no puede ser un pueblo grande en términos de estilo de vida,que comparte una imagen de la "buena vida" que es ofrecida en las películas, TV, e Internet. Eso es lo que los adolescentes en Afganistán tienen en común con los adolescentes en Inglaterra, ellos han sido alimentados con la misma imagen de éxito en la comunidad mundial y saben que es inaccesible. Están enojados y, finalmente, su enojo tiene el mismo objetivo - las corporaciones multinacionales (y los gobiernos que los apoyan).

Vivimos en tiempos interesantes. La buena noticia es que estamos presenciando el fracaso del capitalismo corporativo global. La mala noticia es que no sabemos lo que va a reemplazarlo.

Bob Burnett es escritor y activista en Berkeley, California

http://www.alternet.org/story/152118/5_reasons_capitalism_has_failed?page=entire

1 de junio de 2011

Islandia, la isla de la revolución Por favor, distribuirlo a todos vuestros contactos. ¡Que se sepa!

SIN NOTICIAS DE ISLANDIA

Si alguien cree que no hay censura en la actualidad, que me diga como es que se ha sabido todo lo que pasa en Túnez, Egipto, Libia, etc. y ¿por qué los periódicos no han dicho nada sobre lo que ha pasado en Islandia?

En Islandia, el pueblo ha hecho dimitir a un gobierno al completo, se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda que estos han creado con Gran Bretaña y Holanda a causa de su mala política financiera y se acaba de crear una asamblea popular para reescribir su constitución.

Y todo ello de forma pacífica. Toda una revolución contra los poderes fácticos que nos han conducido hasta la crisis actual.

He aquí las razones del porque no se han dado a conocer estos hechos durante dos años:

¿Qué pasaría si el resto de ciudadanos europeos tomaran ejemplo?


Por favor, distribuirlo a todos vuestros contactos. ¡Que se sepa!

ISLANDIA: REVOLUCIÓN SILENCIOSA PERO EFECTIVA



Esta es, brevemente, la historia de los hechos que recojo desde otro blog. 

Año 2008
Se nacionaliza el principal banco del país. La moneda se desploma, la bolsa suspende su actividad. El país está en bancarrota.

Año 2009
Las protestas ciudadanas frente al parlamento logran que se convoquen elecciones anticipadas y provocan la dimisión del Primer Ministro, y de todo su gobierno en bloque. Continúa la pésima situación económica del país.

Mediante una ley se propone la devolución de la deuda a GB y Holanda mediante el pago de 3.500 millones de euros, suma que pagarán todos las familias islandesas mensualmente durante los próximos 15 años al 5,5% de interés.

Año 2010
La gente se vuelve a echar a la calle y solicita someter la ley a referéndum. En enero de 2010 el Presidente, se niega a ratificarla y anuncia que habrá consulta popular. En marzo se celebra el referéndum y el NO al pago de la deuda arrasa con un 93% de los votos.

A todo esto, el gobierno ha iniciado una investigación para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis. Comienzan las detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos. La Interpol dicta una orden, y todos los banqueros implicados, abandonan el país.

En este contexto de crisis, se elige una asamblea para redactar una nueva constitución que recoja las lecciones aprendidas de la crisis y que sustituya a la actual, una copia de la constitución danesa.

Para ello, se recurre directamente al pueblo soberano. Se eligen 25 ciudadanos sin filiación política de los 522 que se han presentado a las candidaturas, para lo cual sólo era necesario ser mayor de edad y tener el apoyo de 30 personas.

La asamblea constitucional comenzó su trabajo en febrero de 2011 y presenta un proyecto de carta magna a partir de las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que se celebran por todo el país.

Deberá ser aprobada por el actual Parlamento y por el que se constituya tras las próximas elecciones legislativas.

Esta es la breve historia de la Revolución Islandesa: dimisión de todo un gobierno en bloque, nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo decida sobre las decisiones económicas trascendentales, encarcelación de responsables de la crisis y reescritura de la constitución por los ciudadanos.

¿Se nos ha hablado de esto en los medios de comunicación europeos?

¿Se ha comentado en las tertulias políticas radiofónicas?

¿Se han visto imágenes de los hechos por la TV? Claro que no.

El pueblo islandés ha sabido dar una lección a toda Europa, plantándole cara al sistema y dando una lección de democracia al resto del mundo.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------




Articulo recomendado:
----------------------------------------------------------------------------------------------




Eran los habitantes más felices del planeta, según los expertos, hasta que estalló la «burbuja» financiera en 2008. Desde entonces es un pueblo enfadado. Y mucho. Primero dejaron caer los bancos y se negaron a inyectarles dinero público, luego hicieron dimitir al Gobierno y ahora se niegan a pagar las deudas de sus instituciones financieras y quieren que sean sus directivos quienes lo hagan, pero con la cárcel. Viajamos a la isla rebelde




Islandia ha vuelto a asombrar al mundo. Y lo ha hecho de manera tan intempestiva como la erupción del volcán que hace un año paralizó el tráfico aéreo. Aquí, las cosas son así: inesperadas. En octubre de 2008 este pequeño país sufrió un infarto, es la manera más gráfica de describir lo que le sucedió a su economía. Hasta entonces vivía en la opulencia. Era el ejemplo de las bondades de la globalización financiera. Sus bancos engullían miles de millones de los fondos de inversión extranjeros, atraídos por los altos tipos de interés. Un banquete hipercalórico que les hizo engordar hasta que sus depósitos multiplicaron por 12 el PIB del país. Obesidad mórbida. La población, confiada, se había lanzado a una bacanal de compras a crédito: coches de lujo, segundas residencias... De repente, una arritmia llamada «hipotecas basura» se propagó desde Wall Street y las economías de medio mundo fibrilaron. Islandia fue la primera en caer. Sus bancos quebraron, la Bolsa se desplomó, la moneda fue devaluada y la inflación se disparó. Hasta McDonald´s echó el cierre a sus restaurantes y abandonó el país.




El FMI recetó la terapia habitual: subidas de impuestos, recortes salariales y sociales... Pero hoy el enfermo ha salido de la UCI. Y los islandeses han decidido algo insólito: perseguir a los responsables, no pagar las deudas contraídas por sus bancos, dejarlos caer sin inyectarles dinero público y encarcelar a los culpables de la crisis. Los mercados asisten atónitos a esta salida de tiesto. Y los enfermos de la Unión Europea -Grecia, Irlanda, Portugal...-, con sus economías enchufadas artificialmente al euro y recibiendo las descargas eléctricas de carísimos rescates, se preguntan si la medicina islandesa es la panacea.




¿Lo es? Está por ver, pero si los «malos» salen de rositas no será por falta de empeño. Se ha abierto una investigación exhaustiva, se ha nombrado a un fiscal especial, se ha elaborado un informe de 2500 páginas donde se detallan los delitos... La Interpol puso en busca y captura a Sigurdur Einarsson, presidente ejecutivo del banco Kaupthing, que fue detenido en su mansión de Londres. Una docena de banqueros, acusados de enriquecimiento ilícito, puede correr la misma suerte.




¿Pero la rebelión islandesa es de verdad o se ha exagerado con una pizca de romanticismo? «¿Exageración? Lo que sucede es que los islandeses estamos muy cabreados», opina Peter Mogensen, de 62 años, director de tráfico internacional de una compañía de telefonía móvil. «Ha subido el coste de la vida, la gasolina... El que tenía una hipoteca en divisa extranjera ha visto cómo el montante se duplicaba por el desplome de la corona, y de pagar unos 230.000 euros de media ha pasado a más de 400.000. Hay «corralito» y, cuando sacas un billete de avión, solo te permiten retirar de tu cuenta el equivalente a unos 2000 euros. Yo pago más impuestos, pero no hice locuras. Soy de la vieja escuela y no me entrampé. Y conservo mi trabajo. Pero mucha gente, sobre todo parejas jóvenes con hijos, lo está pasando mal.»




Y Mogensen reflexiona: «La vida era muy fácil y de repente dejó de serlo. Y la gente decidió no callarse. Pedir explicaciones a las élites. Dijimos basta. ¿Por qué tenemos que costear nosotros, los ciudadanos, las pérdidas de compañías privadas? Los negocios no se hacen así. Si mi empresa no puede pagar sus facturas, no le voy a pedir al vecino que lo haga. Yo no iba a las manifestaciones al principio, pero luego sí. Imagínese un día a 45.000 personas ante el Parlamento. ¡El 14 por ciento de la población islandesa se echó a la calle a protestar! No sé si es una revolución, pero sí que es el principio de algo. La gente descontenta pide cuentas a los gobiernos. Visto desde esa perspectiva, lo que está pasando en el norte de África o en Oriente Medio no es muy diferente, salvo que en Islandia no hay derramamiento de sangre. Vale, allí están enfrentándose a dictaduras. Pero quizá nuestro ejemplo haga pensar a los ciudadanos de otros países democráticos que no hay que conformarse, que las decisiones de los gobiernos deben ser más transparentes y que los de abajo tenemos derecho a decidir, sobre todo cuando está en juego el bienestar de las siguientes generaciones». 




El doble referéndum del caso Icesave ha catalizado el descontento popular. Icesave era un banco que operaba por Internet y captó los ahorros de unos 400.000 extranjeros. Cuando se declaró en quiebra, el ex primer ministro británico Gordon Brown aplicó la ley antiterrorista para congelar las cuentas y garantizar los depósitos de sus súbditos, lo que hirió a los islandeses en su orgullo. Finalmente, el Reino Unido y Holanda pagaron a sus ahorradores... Y le pasaron la minuta al Gobierno de Islandia, que se resignó a asumir la «derrama»: 4000 millones de euros a 15 años, más intereses (al 5,5 por ciento). A escote, tocaban a unos 45.000 euros por familia. El Parlamento acató la decisión, pero entonces saltó la sorpresa: el presidente, Ólafur Ragnar Grímsson, se negó a firmar la ley. Los islandeses pasaron por las urnas y decidieron apoyarlo. El Gobierno renegoció (37 años al 3,3 por ciento). Y otra vez Grímsson se plantó. Nuevo referéndum y nuevas calabazas.




El presidente tuvo un par de aliados inesperados. Martin Wolff, gurú económico del Financial Times, sentenció: «Los islandeses no están obligados, ni moral ni legalmente, a pagar esa deuda gigantesca que hipotecará a varias generaciones.La demanda del Gobierno inglés no es razonable. Los contribuyentes no deben ser utilizados como una póliza de seguros por los bancos. Y, además, muchos países se han negado históricamente a pagar su deuda, incluso los ingleses lo hicimos después de la Segunda Guerra Mundial». Y la jueza Eva Joly, más que probable candidata francesa a las presidenciales de 2012, que asesoró en la investigación, clamó: «¡Luchen contra esta injusticia!». 




Pero después del segundo «nei» («no») en las urnas, el país puede correr el riesgo de convertirse en un paria para los mercados. El Reino Unido ya ha anunciado que llevará a los tribunales a Islandia y las agencias de calificación amenazan con calificar su deuda externa como bono basura, lo cual es preocupante si se tiene en cuenta que supera el 300 por ciento del PIB (en España, donde ya las pasamos canutas con cada nueva subasta del Tesoro, ronda el 167 por ciento). Sin embargo, cuando el Gobierno nacionalizó los bancos en apuros, no devolvió ni una corona a los fondos extranjeros que se pillaron los dedos. Para entendernos, Islandia se declaró insolvente. ¿Le ha ido peor que a Grecia, Irlanda o Portugal, cuyas economías han sido rescatadas siguiendo las reglas de la ortodoxia financiera?




Pues no parece. Los indicadores apuntan a que lo peor de la recesión ha pasado. La economía crece por primera vez desde el fatídico otoño de 2008. Y la inflación ha caído en picado desde el espantoso 18 por ciento hasta un llevadero 2,3. La diferencia, en opinión del analista Aditya Chakrabortty, redactor jefe de The Guardian, es que en los países periféricos se ha preferido amansar a las fieras de los mercados antes que conservar los empleos de la gente; mientras que en Islandia ha sucedido al revés, se ha priorizado el trabajo antes que el pago de intereses. «Los islandeses han roto las reglas y se han salido con la suya», resume.




«No tan rápido», advierte Astdis Kristjándottir, que perdió su empleo como gerente de una empresa de alimentación. Con 59 años, no se arrugó. Con la indemnización por el despido y unos ahorros abrió una tienda en el centro de Reikiavik. «Era eso o emigrar, como otros 14.000 islandeses. Vendo ropa que hago yo misma. Soy una persona creativa. Asistí a un seminario de diseño de joyas y hago mis propias creaciones con turquesa, amatista y lava volcánica.» Precisamente la erupción del volcán Eyjafjalla, coincidiendo con el comienzo de la temporada turística, estropeó sus ventas. «Pero saldré adelante.» Astdis votó «no» en el referéndum. «Tengo cinco hijos y 19 nietos y no me da la gana de que ellos tengan que pagar por los errores de una banda de criminales. Si no los paramos, volverán a hacerlo.» 




Eygló Svala Arnarsdótir, de 30 años, editora de cuatro revistas, votó «sí». «Estoy de acuerdo con que se persiga a los culpables. Pero en el referéndum se han mezclado dos asuntos diferentes. Icesave se ha convertido en una especie de hito histórico en el que ciudadanos del mundo se plantean negarse a compensar con sus impuestos a los inversores privados que han ido a la quiebra. Pero Icesave, en realidad, no va de eso. Un país debe cumplir con sus obligaciones, por mucho que nos jaleen desde el extranjero los que quieren convertir esto en una cruzada... Si el Reino Unido nos lleva a juicio y perdemos, seremos los islandeses los que debamos afrontar las consecuencias. No vendrá nadie de fuera a compartir nuestra carga», advierte. «Para muchos es una cuestión de orgullo. Y han seguido al presidente en una aventura que ha dividido al país. Se supone que no debería inmiscuirse en política, pero la Constitución es ambigua y lo convierte, de hecho, en la persona con mayor autoridad de Islandia.» Eygló es pesimista. «Creo que en cinco o diez años tendremos otra crisis, porque la mayoría de los islandeses piensan que no tienen ninguna responsabilidad y que todo fue culpa de unos cuantos banqueros, cuando lo cierto es que mucha gente vivía a todo trapo.» 




También era partidario del «sí» Einar Gudmundsson, de 52 años, pescador de Grundarfjordur, un pueblo de 900 habitantes. «Es mejor llevarnos bien con los ingleses, que son nuestros mejores clientes.» Einar acaba de comprarse un barco pequeño. «Llevo navegando 25 años en grandes buques y las tripulaciones se han reducido con la crisis. Así que ahora seré mi propio jefe.» Einar tiene cinco hijos, dos estudiando en la universidad. Y no le ha ido mal con el hundimiento de la moneda. El euro pasó de cambiarse a 62 coronas en 2008 a las actuales 163. Una depreciación de doble filo: por un lado, los que se hipotecaron están con el agua al cuello. Por otra, una moneda barata hace competitivas las exportaciones. E Islandia ha pasado de lucrarse primero y arruinarse después con la magia de la ingeniería financiera a encomendarse a la economía real: ganadería, aluminio, agua embotellada, tecnología, energía geotermal, turismo... y, sobre todo, pesca. «Yo salgo a faenar por la mañana y, cuando pesco 800 kilos de bacalao, regreso a puerto. No puedo capturar más por ley. Ni puedo pasar más de 14 horas diarias embarcado. Pero es suficiente. Nuestro mar está lleno de peces. No hay días malos, a no ser que haya temporal. Luego lo vendo en la lonja. Solo pueden acudir mayoristas islandeses, que lo fletan en el primer vuelo a Inglaterra y se vende fresco en menos de 24 horas. Fish and chips. Los ingleses pagan en libras esterlinas. Y con el cambio los intermediarios se forran.»




Economía real... Es el nuevo mantra. «¿Qué tenemos en Islandia: peces, agua dulce suficiente para abastecer a 600 millones de personas, energías renovables y... una naturaleza que quita la respiración», explica Ymir Björvin Arthúrsson, de 37 años.




Ymir, licenciado en Filosofía y con un máster en Administración de Empresas, era promotor inmobiliario. «Construía apartamentos, tenía 45 empleados y casi un millar de contratistas, pero un día, mientras iba conduciendo, vi tantas grúas, todo lo que se estaba edificando por todas partes... Y supe que era imposible que se ocupasen todas esas casas. Así que vendí la empresa. Era el año 2006. Compré terrenos en Suecia y seguí en el negocio inmobiliario. Pero me quedé sin dinero cuando todavía estaba luchando con los arquitectos y los permisos. Y necesitaba cash flow rápido para pagar la comida de los niños, así que monté con mi novia una pequeña agencia de viajes», cuenta.




Ymir ya no lee la prensa local porque «dan ganas de suicidarse». Y desconfía de los políticos. «La gente está tan hastiada que eligió a un cómico como alcalde de Reikiavik. Un tipo que decía las cosas como son y nos dio esperanza. Ahora habla como un político profesional. Y eso es inquietante.» Quizá por ello voto «no».




«El argumento del «sí» es que de este modo podremos conseguir que los inversores extranjeros vuelvan a prestarnos dinero. ¿Pero para qué nos van a prestar un dinero que no podemos devolver? Se lo diré. Porque al final lo que quieren no es dinero, sino apropiarse de nuestros recursos: caladeros, manantiales, yacimientos...»




¿Y qué se cuece en la Islandia profunda? Anna Dóra Markúsdottir, de 45 años, es una mujer valiente, aunque los percances se suceden desde que se mudó a la granja que comparte con su esposo, Jón, y sus cuatro hijos, situada entre el monte Kirkjufell y el fiordo de Grundar, a tres horas de Reikiavik por carreteras que dejan atrás volcanes y glaciares, incluido un túnel submarino. Un incendio, un accidente de coche, un tejado que vuela un día de ventisca, un caballo que se encabrita y la atropella... «Yo no creo en esas cosas, pero esto es tierra de elfos...», me dice. Solo le falta añadir: «Y haberlos, haylos». Anna Dóra y su marido crían trotones caballos islandeses, una raza única en el mundo, además de ovejas y perros autóctonos. «Estamos entre los diez mejores criadores de caballos de Islandia, exportamos a otros países, pero con la crisis las ventas se pararon. Y ahora que por fin estamos volviendo a vender fuera, el dinero tarda meses en llegar, así que mi marido se ha embarcado.» 




Mientras Jón pasa un mes en un buque de la flota bacaladera, navegando por el Atlántico norte frente a Groenlandia, Anna Dóra y sus tres hijos mayores se ocupan de la granja. Anna Dóra votó «no» en el segundo referéndum sobre Icesave, como la mayoría. Tampoco quiere que Islandia ingrese en la Unión Europea, otra vez como la mayoría y en contra de los deseos del Gobierno. «Nuestros caballos son muy frágiles y no sobrevivirían si se abren las fronteras y se permite la importación de otras razas.» Me invita a café y bizcocho y me enseña una página de Internet donde puede consultar su árbol genealógico desde el siglo X. Está emparentada con el presidente y con la cantante Björk. «Pero no es nada extraordinario. Somos muy poquitos.» Contemplo el paisaje desde la ventana de la cocina. «Aquello es la prisión de Kvíabryggja», me cuenta Anna Dóra, señalando unas edificaciones bajas al pie de la montaña. «Es una cárcel abierta. No tiene rejas. Los guardianes no llevan armas, solo un aerosol. Y los reclusos fabrican relojes.» «¿Y no se escapan?», pregunto ingenuamente. «¿Adónde van a ir?», responde. «Estamos en una isla en mitad de la nada.» Y sentencia: «Ojalá en esa cárcel acaben los que nos llevaron al desastre». Y otra vez habla por boca de la inmensa mayoría. 

Carlos Manuel Sánchez