Por otro lado, los partidos de derecha tienen como uno de sus objetivos principales de comunicación la difusión del mensaje que indica que todos los políticos son iguales, algo que, acaba beneficiando a la derecha. Cuando un votante de derechas tiene conocimiento de un caso de corrupción, incluso si éste afecta al político que se presenta a las elecciones, prevalece en la valoración de dicho votante su posición ideológica sobre la honestidad de los candidatos, por lo que de todas formas va a votar a la derecha. Cuando es un votante de izquierdas el que tiene conocimiento de un caso de corrupción, especialmente si éste tiene lugar entre sus propias opciones para las elecciones, se produce dentro de él un debate entre la conveniencia de votar a su opción ideológica y su deseo de castigar la corrupción hurtando del voto al partido responsable de la misma.
Estamos en presencia de un fenómeno, la corrupción, que es transversal y que afecta a todos los partidos políticos. Los diferentes casos de corrupción demuestran que hay una mezcla de intereses turbios en la que confluyen políticos sin escrúpulos y delincuentes disfrazados de empresarios. Y que esa mezcla se extiende como el cáncer por toda la geografía española. Se vuelve imprescindible la depuración moral de los partidos, para evitar que prosperen los tipos sin escrúpulos y se tapen los latrocinios en aras del resultado electoral. Mención aparte merece la actitud de los partidos políticos cuando están en la oposición, con demasiada frecuencia prestos a hacer demagogia, cuando no se dedican a construir falsas imputaciones en base a argumentos inventados o insuficientemente constatados. Los ciudadanos, agobiados por una crisis económica sin precedentes, están hartos. Y aquí, quienes mandan en los partidos políticos, parecen no enterarse. Los partidos políticos se acusan mutuamente de presentar candidatos imputados e incluso condenados. Denuncian la corrupción de su contrincante, mientras intentan ocultar la suya. Como resultado final, tanto unos como otros mantienen en sus listas a corruptos y presuntos corruptos. Y el mayor cáncer de este asunto es la implantación entre la ciudadanía de la impresión que todos los políticos son iguales.
La corrupción es en realidad una auténtica marea de advenedizos a los que poco interesa la política y el bienestar común, que se mueven a sus anchas en el seno de toda clase de instituciones de este país, ávidos de riqueza fácil, insaciables, sin que les importe a quién o qué es lo que hay que pisotear para conseguir sus fines. Se deslizan como el pez en el agua, aprovechando toda clase de resquicios que las leyes les ofrecen, para convertir en hereditario su poder político o económico. Un país no pertenece a los políticos, ni siquiera a un gobierno: Un país pertenece a sus ciudadanos, que cuando ejercitan su derecho a voto, lo hacen para delegar sus poderes, su pequeña porción de propiedad nacional en otras personas.
También debemos considerar corrupción, que la banca condone deudas a los partidos políticos y tolere el impago de créditos. La banca con esa actitud ejerce un control férreo sobre los partidos políticos, de tal forma que si estos ejercieran algún tipo de actividad contra sus intereses podrían ejecutar la deuda. La banca nunca ha considerado la deuda de los partidos políticos como pérdidas sino como una inversión negociada. Señalemos algunos significativos ejemplos:
En 1999 el PNV vio borrada de un plumazo una deuda de 921.687 euros de capital y 608.433 de intereses. Eusko Alkartasuna se libró del pago de 843.373 euros de intereses. En 1998 al PSOE le perdonaron 5,8 millones de euros. Pero lo bueno del asunto es que de los 6,9 millones de euros perdonados en 1999, 6,8 eran sólo de intereses, lo cual significa que la banca sigue manteniendo la deuda del capital y por tanto no suelta de sus fauces a los partidos políticos. Pero incluso aquellas formaciones que no tienen el favor bancario directo, según el informe del Tribunal de Cuentas, presentan un creciente endeudamiento. En 1999 el PP debía 15,7 millones de euros, más del doble que en su ejercicio anterior (6,2 millones). CiU alcanzaba en 1999 una deuda de 4,1 millones frente a los 293.000 del año anterior. El BNG duplicó su deuda entre 1998 y 99 pasando de 457.000 euros a más de un millón. El PCE disminuye su deuda en medio millón de euros entre 1998 y 99 pero el Tribunal de Cuentas afirma que esa regularización de la deuda con las entidades acreedoras no es porque se haya pagado sino porque ha transcurrido el tiempo y el acreedor no ha reclamado el pago, además está regularización carece de la documentación que la acredite.
A mí me resultan tan odiosos los casos de corrupción, es tan deshonesto intentar robar a los ciudadanos de a pié, especialmente cuando se hace desde un puesto obtenido gracias a la confianza de los ciudadanos expresada en las urnas, que quisiera que se resolvieran de modo rápido aplicando el criterio de tolerancia cero. El desprestigio en el que ha caído la clase política -las más veces a pulso- no debe tapar la realidad: hay muchos políticos válidos y honestos, muchas personas con vocación que trabajan por la comunidad como mejor saben y pueden. La sociedad asiste entre atónita y abochornada al espectáculo casi diario de un nuevo caso tras otro y de cómo se forran o se han forrado horteras, mangantes, chulos y paniaguados. La gente no sabe ya cómo diferenciar entre los «buenos» y los «malos», incluso dentro de un mismo partido.
Este problema en España afecta a todos los ciudadanos, quienes demuestran altos índices de descontento ante estos casos y se puede concluir con la evidente adulteración de la democracia española:
1. Unos partidos políticos que son aparatos burocráticos, de personas que viven de la política y no para la política como servicio al bien del pueblo. Es fundamental el acceso al poder y conservarlo ya que las prebendas aumentan considerablemente.
2. Que carecen de ideales y militancia que los sostenga, por ello siempre van a depender o de las subvenciones estatales que se autoconceden o de las subvenciones bancarias.
3. Esto convierte a los partidos políticos, de todo el espectro, en sujetos serviles y dependientes de los poderes financieros, empresariales y mediáticos, estrechamente vinculados.
4. Que los mecanismos legales, fiscales y judiciales para el control financiero de los partidos políticos están totalmente anulados en la práctica, por lo que se puede afirmar la existencia de un estado de corrupción consentida. Ley de Financiación no desarrollada, Tribunal de Cuentas trabajando con tres o más años de retraso... etc.
5. Que la retórica democrática de los partidos es falsa por ello es necesario plantearse generar una opinión pública verdaderamente democrática donde el pueblo realmente protagonice y gestione su vida personal y colectiva.
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Listado de números de casos de corrupción pero ordenado por partidos políticos, por si a alguien le interesa:
Alternativa dos Veciños: 1
ASI: 1
Bloc Progesista: 1
BNG: 3
Centro Canario Nacionalista: 1
CiU: 14
Coalición Canaria: 9
ERC: 1
GIL: 2
GIM: 1
IP (Independientes Portuenses): 1
IU: 8
Nueva Canarias: 2
PA: 2
PAL: 2
PAR: 10
PIL: 1
PIM: 1
PNV: 13
PP: 177
PSOE: 128
Sineuers Independents: 1
UC (Unión Cordobesa): 1
Unió Mallorquina (ahora Convergencia per Illes Balears): 6
Unión Bagañeta: 1
UPN: 2
España, según los últimos datos publicados por Transparencia Internacional, una organización no gubernamental con sede en Berlín, que publica cada año, desde 1995, un índice de percepción de la corrupción (Corruption Perceptions Index) y que califica a los países del mundo entre “10″ para un país percibido como “transparente” y “0″ para uno visto como “totalmente corrupto”, tiene una nota de 6,2. Con esta nota España, que es la décima potencia económica del mundo, ocupa el puesto 31 en transparencia, un puesto más bajo que el del año 2010 en que España ocupaba el lugar 3o. Chile (22) y Uruguay (24) son países, según Transparencia Internacional, menos corruptos que España.
Desgraciadamente, España y desde el año 2004 ha ido cayendo en el ranking. Efectivamente en 2004 ocupábamos el puesto 23, con 7,1 puntos. Desde entonces hemos ido perdiendo puestos. Es decir, cada año que ha pasado, desde el 2004, España se ha vuelto cada vez, relativamente, más corrupta.