15 de junio de 2016

¡Menos de 2 años no se cumplen! Suspensión de penas de prisión

A la pregunta de si nos ponen una pena de prisión de 1 año y no tengo antecedentes ¿podemos ir a la carcel? La respuesta es sí.

Puedes entrar en la cárcel con una pena de prisión de dos años o menos, incluso sin antecedentes

El Código Penal no prevé la obligatoriedad de sustituir una pena de prisión por, por ejemplo, una de multa o trabajos en beneficio de la comunidad.
Lo hemos oído un millón de veces: “¡Si la pena es menor de dos años no se cumple!”.
Incluso, quien afirma lo anterior suele hacerlo de modo tajante, con el tono de quien habla ex cathedra porque está absolutamente seguro de lo que dice. Estas personas suelen estar en el grave error de no darse cuenta de la importancia de contar con los servicios de un experto abogado penalista.
Bien, para estas personas y para todos aquellos interesados por la materia, una serie de puntualizaciones:

1.- La tarjeta que le libra de la cárcel sólo existe en el Monopoly. Piénselo detenidamente. Si lo que usted ha escuchado en una tertulia de café fuera cierto y las condenas de menos de 2 años no se cumplen ¿por qué iba la Administración de Justicia a gastar recursos que ya son bastante limitados en un proceso judicial sin sentido porque llegado el caso, el condenado hará uso del comodín para evitar la cárcel?
2.- Aun siendo cierto que las penas inferiores a dos años pueden ser suspendidas (atención, aquí la palabra mágica es “pueden”), lo cierto es que para que esa suspensión se conceda tienen que darse, a su vez, tres requisitos, a saber:

·         Que el condenado haya delinquido por primera vez 
– ¿Y los antecedentes penales que sean cancelables cuentan?
– No, no cuentan (ni los correspondientes a condenas por delitos leves), pero tampoco ayudan. Recordemos que, al final se trata de una suspensión que el Juez puede conceder (o no), de modo que si lo primero que sabe de nosotros cuando pedimos la suspensión es que no es nuestra primera vez ante la Justicia, esto puede pasarnos factura. Sería muy conveniente cancelar esos antecedentes antes de llegar al momento de pedir la suspensión.
-Tampoco se tendrán en cuenta los antecedentes por delitos que por su naturaleza o circunstancias no sean relevantes para la valoración del riesgo de comisión de nuevos delitos, (pero una vez más, tener antecedentes de este tipo tampoco ayudará a la concesión de la suspensión)
·         Que la pena impuesta (o la suma de todas si son varias) no superen los 2 años. Esto, en general, sí se lo sabe casi todo el mundo.

·         Que se haya abonado el total de la responsabilidad civil   (indemnización al perjudicado por el delito), o se haya asumido por el penado un compromiso de abono de dichas cantidades, “de acuerdo a su capacidad económica”.
·          
-Ah, pues ya está: ¡Me declaro insolvente!

-Lo siento, pero, una vez más, las cosas no funcionan así: la insolvencia del condenado no la declara él mismo, sino el Juez o Tribunal tras haber averiguado cuál es su patrimonio, (si tiene un salario, cuentas bancarias, bienes muebles o inmuebles, etc.) Sobre ésto, una última advertencia: Muchísimo cuidado si alguien esta pensando en poner sus bienes a nombre de otra persona para causar una falsa impresión de insolvencia, porque eso puede constituir un nuevo delito de alzamiento de bienes, de que ya hablaremos otro día.

3.- Pero es que cumplir a rajatabla los puntos anteriores tampoco nos garantiza obtener la suspensión de la condena. De manera que una vez que cumplimos esos requisitos, llega el momento en que el Juez se plantea si nos concede o no dicha suspensión

– Y ¿en qué se basa para decidir?

– El Código Penal dice que se basará en las circunstancias del delito cometido, las circunstancias personales del penado, sus antecedentes su conducta posterior a los hechos (con especial atención al pago de la indemnización impuesta, circunstancias familiares y sociales y en los efectos que quepa esperar de la suspensión de la ejecución de la pena. Esto, en cristiano supone que las probabilidades de obtener la suspensión son menores si el delito se ha cometido con el uso de cualquier tipo de violencia o el delito reviste especial gravedad a juicio del órgano judicial o si el condenado los tiene otros procedimientos judiciales abiertos, incluso aunque no haya sido juzgado, ni mucho menos, condenado.

Moraleja: aunque el delito que le imputan tenga pena inferior a dos años, sigue siendo igualmente imprescindible preocuparse por seguir la mejor estrategia de defensa posible que maximice las posibilidades de obtener una sentencia absolutoria o, en el peor de los casos, obtener la suspensión de la condena impuesta, aportando los argumentos y motivos más convincentes para el Juez o Tribunal decida concederla.

9 de junio de 2016

¿Por qué la izquierda no combate la inseguridad?

Deja indefensos a los más débiles frente al ascenso del delito porque la ideología la lleva con demasiada frecuencia a tomar partido por el delincuente. La izquierda ha descuidado un fenómeno que golpea sobre todo a los más pobres, porque ve en el delincuente a una víctima de la sociedad. Y a la seguridad como un reclamo de la derecha.
Una "cultura de la excusa" la lleva a ignorar a la víctima para asumir la defensa del que viola la ley. Privilegiar las causas sociales en la explicación de los motivos del delito, es una cosa. Renunciar a combatir la delincuencia es otra. Pero, para la izquierda, la explicación se convierte en excusa. Excusa para el delincuente y excusa para la inacción de los poderes del Estado.
Otra creencia es la de que una mejora de la situación económica traerá automáticamente una caída en los índices del delito. En la práctica, es apostar a que el tiempo lo resuelva todo. Podemos comprobar la falsedad de esa tesis en América Latina: la región ha crecido sostenidamente en los últimos años, pero en muchos países latinoamericanos el flagelo de la delincuencia no sólo no retrocede, sino que avanza.
Una falsa ecuación
Que las medidas de seguridad son de derecha, hasta fascistas. Ese es el discurso de las elites culturales totalmente desconectadas de la realidad. En los suburbios, el electorado de izquierda pide más seguridad, igual que el de derecha y los padres que quieren que sus hijos circulen tranquilamente por las calles de su barrio no son de derecha ni de izquierda, son padres.
Al negar la realidad de la delincuencia, los "bienpensantes" del progresismo no han entendido que la inseguridad toca justamente a los más carenciados, ahoga a los servicios públicos y a las barriadas. La izquierda ha olvidado sencillamente que las primeras víctimas del incremento de la inseguridad son los trabajadores, la gente humilde.
Los delincuentes, el nuevo proletariado
"A los que roban, se los encarcela; a los que violan, se los encarcela; a los que matan, también. ¿De dónde viene esta extraña práctica (sic) y el curioso proyecto de encerrar para enderezar?", se preguntaba Foucault, por ejemplo.
"Para la intelligentsia, el nuevo proletariado, son los delincuentes". Traiciona a sus propias bases en nombre de la defensa de los "fuera de la ley". Los que cometen delitos estarían en rebeldía contra una ley y un orden "injustos". Son ellos las víctimas. Con este discurso, la izquierda deslegitima totalmente la idea de represión.
Otro aspecto que se despega del dogma progresista es su defensa de la policía. Acusa a la izquierda de racismo policial. Para ella, "los policías son siempre presuntamente culpables, y los delincuentes son siempre totalmente inocentes". Eso explica que se movilicen por los casos de gatillo fácil o abuso policial, pero jamás por las víctimas de la delincuencia.
No se hará retroceder la inseguridad sin rehabilitar a la policía y que ésta necesita sentir el respaldo de todo el país, pero, para la intelligentsia, eso es inimaginable, porque reserva su compasión para los delincuentes y no tiene ni una palabra de consuelo o aliento para los que trabajan, los que estudian o los que padecen por la delincuencia. Mucho menos para los policías caídos en cumplimiento del deber. Existe un divorcio entre el pueblo y las elites: en las zonas sensibles, la gente reclama más presencia policial.

El "partido" de los derechos humanos
Finalmente, Cualquier gobierno, "de derecha o de izquierda", que decida enfrentar el delito chocará contra el "partido de los derechos humanos". Un partido informal, una creación de la revuelta estudiantil de mayo del 68 en Francia, que dio origen a esa nueva mirada candorosa hacia la delincuencia. Un partido ante el cual,  muchos han capitulado. La izquierda debe rechazar el "fantasma liberticida" que afirma que combatir la delincuencia sería ser de derecha.
Es cierto que las fuerzas progresistas en general no ponen a la seguridad entre las prioridades de su agenda. Pero algunos están empezando a cambiar. El propio Partido Socialista francés designó a un responsable de Seguridad en su secretariado nacional, algo impensable tiempo atrás. "La inseguridad no es una sensación",declaró a la prensa Jean-Jacques Urvoas, el diputado nacional designado para ese cargo.
En cuanto a América Latina, junto con Venezuela, cuyos índices de inseguridad se han disparado sin que el Gobierno haya reaccionado aún, tenemos el ejemplo del presidente salvadoreño, Mauricio Funes, quien llegó a la primera magistratura encabezando una lista formada por una ex organización guerrillera, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, pero no ha eludido el drama de la violencia delictiva en su país y acaba de poner en vigencia una ley para combatir a las maras (pandillas) que prevé penas más duras para quienes se sumen a estos grupos delictivos.